Estimado lector/a, si estás aquí es porque tienes interés en el interior de un narcisista, y si, además estás en este artículo, es porque seguramente lo has vivido de cerca. Es por eso que estas primeras líneas son para avisarte que lo que encontrarás aquí es una experiencia personal totalmente subjetiva y, casi con seguridad, equivocada. Pues igual que un narcisista tiene un mundo interior, una persona común, también vive sus propias experiencias vitales.
Narciso, que es así como se llamará a mi antiguo jefe, era el propietario de una empresa dedicada al transporte de viajeros en Madrid. No le iba mal, al menos eso creíamos, hasta que al adentrarme en la realidad, esta me golpeó de lleno en el rostro como el frío de una mañana seca de invierno.
Siempre decíamos que Narciso no era muy inteligente, pero sí muy trabajador, y no lo hacíamos como un insulto, al contraio, como una virtud. Así lo creían todos, pues contaba con una empresa interesante en una gran ciudad donde “parecía” que no le iba mal y que él era imprescindible, así al menos nos lo hacía saber en reiteradas ocasiones.
Narciso quiso hacer que el negocio creciese, y para ello, necesitaba alguien entendido en el mundo digital, y ahí entro yo. En realidad su intención conmigo era la de generar un portal web dedicado a un negocio que nada estaba relacionado con su sector actual, pero en el que se había involucrado de lleno. Aún no imaginábamos que el pozo de su locura iba a ser tan profundo, hasta que vas descubriendo las capas de su margarita deshojada. Pero esta historia necesita su propia entrada aparte y cuando esté terminada la tendréis enlazada aquí.
Yo pasaba por un momento delicado en lo personal, donde estaba ya no estaba tan cómodo, pues aunque sé que me valoraban, económicamente no podían hacer frente al gasto que suponía tenerme. Narciso sabía de esto y aprovechó para manipularme y hacerme una interesante oferta que no pude rechazar.
-¿Qué horario quieres?.- Dijo
– ¿De 6 a 14 de Lunes a viernes? – Contesté yo
– Hecho, y tendrás un sueldo superior a lo que ganas ahora.
Poco sabía de qué nada de esto se respetaría.
Para que se entienda mejor la historia, debéis saber que mi conocimiento de los vehículos era (y es) casi nulo. Tenía el carnet de conducir hacía un par de años apenas y lo obtuve por necesidad real, por aquel entonces tenía ya más de 40 años. Mis conocmientos mecánicos eran nulos, y nunca me habían generado ningún tipo de interés. Insisto en que esto es importante para el futuro relato que está por venir.